Tengo por costumbre finalizar mi cobertura bloggera de la Madrid Fashion Week con algunas reflexiones, con preguntas para las que nadie tiene respuesta y con muchas cifras en la cabeza: mi cabeza cuadrada de ingeniero siente pánico cuando lee las cifras de visitantes, millones de euros en presupuesto y toneladas de envases de plástico generados en estos locos días de Ifema…¿qué queda de todo este circo?
Nada. La gran cobertura de estos días me sorprende, sobretodo cuando tengo clarísimo que los que los que pasamos por allí no compraremos jamás la ropa de los diseñadores tan aplaudidos estos días. Ni siquiera la encantadora Nuria de Miguel, la jefa de prensa de Ifema, una de las más profesionales y serias que conozco, que además tiene la extraña virtud de contestar mails al instante.

Pero no solo Nuria es una profesional: desde el caballero de la puerta principal que hace la vista gorda cuando intentas colar a unas amigas, hasta los maquilladores que jamás pierden la sonrisa, siempre me he sentido bien tratada en ese recinto oscuro, ese Matrix de la moda donde vivimos unos días alejados de las necesidades básicas del ser humano: comer, vivir, amar.No temáis, no sufro síndrome de Estocolmo, es simplemente ser consciente de la oportunidad que tenemos de poder ver los toros desde la barrera, llamadlo front row o gallinero, aún a sabiendas que nuestra opinión es solo eso, una opinión.
Por otro lado, en menos de un año la organización ha pasado de acreditar a bloggers, incluso crear una sala de prensa específica para ellos, a ver cómo éstos han “profesionalizado” sus contenidos. Personalmente, me alegra mucho que la gente haga sus pinitos profesionales en forma de colaboraciones en los medios (“colaborar” con un medio significa realizar un trabajo, y ser pagado por el mismo, en modo freelance). Lo que no me gusta tanto es ver cómo, una vez dentro de las revistas y las oficinas de prensa de los diseñadores esa “frescura” de la que tanto se alardeaba se convierte en una crónica insulsa, unas fotos disparadas en automático en la que las manos y los pies son cortados con una gillotina, y donde no existe ni el más mínimo análisis.
¿Para esto tanta revolución bloggera?. Lo bueno de esta tendencia es mi creciente ahorro en prensa escrita, la cual se limita actualmente a pocos y muy escogidos periodistas a los que adoro, y he podido saludar estos días. Entre ellos, Lucas Arraut, al que seguía desde sus tiempos en Marie Clarie, y cuyos latigazos en El País me apasionan y Eugenia de la Torriente, la Menkes patria. Solo por charlar un rato con ellos merece la pena ir a Ifema.
Nos vemos en septiembre, solo os pido un favor mientras tanto: leed mucho.
(Photos by Gratis total)